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"TIEMPO EN LA HABANA. CUBA"
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Cubana meneandoce. El cubano tiene la música en la sangre...





Para nadie es un secreto que la música y el baile ocupan un lugar preponderante en la vida de los cubanos. Hasta nuestra manera de andar y de gesticular expresan esa propensión a la danza.
Aunque en la Isla se baila todo el tiempo y por cualquier motivo, ya sea en reuniones familiares, de amigos o durante una marcha combatiente, por estos días, durante las fiestas que se celebran a todo lo largo del país por las fiestas de fin de año, es donde más se evidencia la capacidad creadora de los bailadores cubanos.
Al igual que la rica música que lo motiva y provoca, el baile en Cuba se ha transformado a través del tiempo. Bailador por excelencia, el cubano, por lo visto, necesita de vez en cuando cambiar las reglas de sus bailes y la tendencia de esos cambios ha sido siempre a favor de una mayor expresividad corporal. En ello tiene que ver la influencia africana. Como apunta Alejo Carpentier en su libro La música en Cuba: “El negro se escurría, inventando, entre las notas imprecisas. El blanco se atenía a la solfa”. Muchas notas han sonado en salones, plazas, casas y calles, desde la época en que nuestros tatarabuelos a mediados del XIX, tras “africanizar” la contradanza, crearon el danzón.
De nuestro elegante baile nacional, del que se dice que se baila bien sobre un solo ladrillito, nacería después una variante más movida: el danzonete. Poco después, desde la parte oriental de la Isla, se expandirían hacia el resto del país los ritmos del son y aparecerían el mambo, el chachachá, el mozambique, el casino, el songo, hasta llegar a la timba.
 Sin duda, es este último género musical el preferido por los actuales bailadores cubanos y de acuerdo con algunos conocedores del tema su aparición tiene que ver con los aportes de músicos como Adalberto Álvarez y José Luis Cortés (el Tosco) y Juan Formell y los Van Van, quienes le han infundido un carácter más “progresivo” a la salsa.El casino predomina como baile entre los seguidores de los timberos y la acelerada insistencia rítmica del piano, la batería, la tumbadora, los timbales y el protagónico papel del bajo, propician coreografías que van desde las infinitas posibilidades de giros y vueltas hasta los llamados “despelotes” o “tembleques”: incesantes y sensuales meneos de las caderas.
No faltan quienes afirman que estas últimas variantes, así como la influencia de otras globalizadas formas de bailar, ponen en peligro la elegancia del baile cubano de pareja. Para otros, sin embargo, solo se trata de una muestra de la transculturación que a través de toda su historia ha definido la música y los bailes de la Isla. No hay que olvidar que en los años veinte el son compartió los salones con el charleston y que tres décadas después el chachachá haría lo mismo con el rock and roll.
Pero como suele ocurrir en estos casos, la última palabra la dirá el tiempo. Por ahora lo que sí está claro y así lo demuestran los cubanos, especialmente en estos días festivos, es que, como dijera alguna vez el musicólogo y floklorista, Rogelio Martínez Furé: “En Cuba todo lo expresamos a través del baile. Felicidad, tristeza, bailamos cuando alguien muere, o en forma de protesta por alguna injusticia. Es una expresión de resistencia cultural y de nuestra exclusividad. Ciertamente nos podemos llamar un pueblo danzario.”

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